jueves, 8 de mayo de 2014

Reseña de “Todos mis miedos” de Nahuel Canho ¿A qué le teme un escritor? Hace unos años, César Aira comentaba en una entrevista que a él le seguía gustando escribir, a diferencia de lo que le ocurría a la mayoría de los escritores. La dificultad para “encontrar la inspiración” o el “temor a la página en blanco” son lugares comunes de la representación del artista de las palabras. ¿Cómo mostrar entonces esa dificultad? Algo de eso se debe haber planteado Nahuel Cano, director de Todos mis miedos. El espectáculo que acaba de estrenarse fue uno de los ganadores de la Bienal de Arte Joven –elegido entre más de cien obras– y fue producido por esta con la tutoría de Marcelo Savignone y Maruja Bustamante. El protagonista de la pieza, un escritor en la mediana edad, está en el centro de un espacio escénico vacío de muebles pero repleto de libros. Como un boxeador que en vez de pelear contra uno, lo hace contra muchos, este personaje endemoniado circula tropezándose con esas pilas de volúmenes de todo tipo, pero sin bajar la guardia. El escritor –que con mucha vitalidad encarna Pablo Seijó– está en pánico. Padece el miedo a escribir, sí, pero esto, en vez de aparecer a través de una montaña de bollitos de papel y lapiceras mordisqueadas, se muestra a través del modo en que ese estado contamina su vida, abarcándolo todo: el miedo a que su ex mujer (Anabella Bacigalupo) se vuelva definitivamente loca, a envejecer, a no ser admirado, a que las voces que aparecen dentro de su cabeza –y que corporiza Diego Echegoyen en un personaje irónico y agresivo, el hallazgo de la obra– no paren nunca. La nueva relación entre el escritor y una ex alumna devenida amante (María Abadi) se vuelve igual de irrespirable que el vínculo que acaba de terminar. Un hombre con su ex y su actual, en una casita en Tigre. Lo real, la ficción y la escena se desdoblan, cuestionando cómo dar cuenta de la confusión e intensidad de una crisis. Pero, ¿quiénes son sus reales contrincantes? ¿Quién es él? ¿Qué son estos libros que se pisan, se patean, pero nunca se leen, así como tampoco se menciona el amor que un escritor debería tener por el género que prodiga? Todo se va tornando pesadilla y fantasmagoría. Y, en ese sentido, es clave cómo los diálogos construidos por Cano y Esteban Bieda van tornándose cada vez más abstractos y absurdos. Las palabras de amor fallan, porque fallan todas las palabras; el hilo que debería sostenerlas, desde la mente del escritor hacia el mundo, está roto. “Tengo que escribir una novela sin palabras”, dice el protagonista, al final de la obra. Sabiendo, claro, que eso es exactamente inventarse una vida. Todos mis miedos Dirección de Nahuel Cano Escrita por Esteban Bieda y Nahuel Cano Con María Abadi, Diego Echegoyen, Anabella Bacigalupo y Pablo Seijo
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